Salmo 144

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

 Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado.
 Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

 El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.
 El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

También Jesús, nuestro maestro de oración, bendice aquel leproso, aquel de los diez, que fue curado y que volvió para agradecer.

En otra ocasión, Jesús da gracias al Padre, maravillado al ver cómo revela sus secretos a los sencillos y humildes y los oculta a los engreídos que se creen sabios.

¡Que todas tus cristianas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles!

Dar gracias tiene mucho de don, de encuentro, de relación, de vinculo, de sentirse atraído y sin mérito alguno, sentirse amado. Dar gracias es reconocer que el Señor a hecho algo grande por mi, que le he permitido entrar en mi vida, que me ha tocado con su mano suave, me ha sostenido en la dificultad, me ha levantado cuando flaqueaban mis fuerzas.

¡Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles!

Gracias.
Por tantas personas que sin saberlo me hablan de ti.
Proclaman tu bondad,
escuchan y se les conmueven las entrañas.
Miran, como Tú,
sirven, como Tú
aman, como Tú,
son bendición para mí.

Gracias.
Por tantas criaturas que sin saberlo construyen cada día tu Reino.
Trabajan por la paz,
sufren en silencio,
se solidarizan con los últimos,
viven con poco,
tienen tiempo para ti,
les alegra poder seguirte
y hacen que tu reinado de amor, de justicia, de paz,
dure para siempre y
sea perpetuo.
Bendito seas por siempre,
Dios de la Vida.

(María Rita Martín) G.C.R.