A las fuentes espirituales de su vocación

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Padre José Jacinto Ferreira de Farias, scj

Introducción

Me siento verdaderamente honrado de estar aquí con ustedes y compartir algunas reflexiones sobre el tema que me fue propuesto: las fuentes espirituales de la vocación del Padre Caffarel. Agradezco a la organización de este coloquio por la confianza que han depositado en mí encargándome esta breve comunicación, y muy especialmente a Mons. Fleischmann y al secretariado del Coloquio por los elementos que pusieron a mi disposición y a partir de los cuales pude organizar mi exposición que se desarrollará en dos tiempos: 1º: la vocación contemplativa del Padre Caffarel. 2°: los Equipos de Nuestra Señora: ayudar a las parejas a experimentar a Dios.

1. La vocación contemplativa del P. Caffarel : « un moje frustrado »

En la revista Panorama Aujourd’hui , el padre Caffarel habla de su « vocación », cuando Jesucristo se volvió Alguien para él. « En ese lejano día de marzo, supe que era amado y que yo amaba, y que de ahora en adelante entre Él y yo así sería para toda la vida. La suerte estaba echada ». Esa experiencia del descubrimiento del amor personal de Jesucristo fue tan fuerte para él que consideraba ese día como el día verdadero de su nacimiento: « Mi infancia comenzó a los 20 años ».

En ese momento – « la suerte estaba echada » – él pensó en dedicar totalmente su vida a la oración, retirándose a un monasterio, la Trappe des Dombes, donde solicitó ser admitido. Y de hecho eso no ocurrió a causa de su director espiritual, cuyo nombre no conocemos, quien le aconsejó retrasar su entrada: « ¿Por qué no haces antes unos años de seminario? Yo me rendí ante sus razones y esperé el tiempo dado. Cuando éste venció, él me pidió que aceptara otra demora; espera a ser sacerdote, dos años más. Y finalmente, nunca obtuve luz verde. Sin embargo, yo estaba persuadido de que no era una ilusión lo que yo consideraba como mi vocación. ».
El signo de la verdad de esa vocación contemplativa es el hecho de que él siempre cultivó una intensa vida interior que es, como él reconocía, el secreto de la fecundidad de su ministerio:

« Pero finalmente comprendí que se trataba de una astucia del Señor… Si yo no hubiera escuchado muy profundamente esa llamada a una vida de oración, no hubiera comprobado la necesidad de orar cotidianamente y reservado para mí cada año varias semanas de vida silenciosa y solitaria. »

Tenemos un testimonio del padre Caffarel sobre esa « nostalgia del monasterio » en una charla con Jacques Chancel2. Ahí encontramos lo esencial del secreto del Padre Caffarel donde podemos ver que él era verdaderamente “un hombre de oración”, verdaderamente un hombre de Dios:

« ¡Yo hablo de Dios porque fue Dios precisamente quien me conquistó hace unos cincuenta años un mes de marzo de 1923. Esa fue la línea de demarcación en mi vida. Hay un antes y un después de aquel día. Dios entró en mi vida y desde ese día yo estoy a su servicio!. »

Cuando se le pregunta si el ocuparse solamente de Dios no implica olvidar el resto, incluso asuntos importantes para la vida del hombre y del mundo, él responde: « ¡si yo me intereso en Dios, me intereso en todo, porque todo está en Dios y Dios es el origen de todo, y yo pienso precisamente que solamente los que se interesan en Dios pueden decir que se interesan en todo! »

La cuestión existencial fundamental para el padre Caffarel fue ser fiel a Dios, desde aquel momento original donde todo se jugó, cuando él tomó conciencia de que era amado por Cristo. «¡Yo no me preocupé por ser fiel a mí mismo, yo me preocupé por ser fiel a aquél que me había conquistado y nunca me jactaré de haberle sido fiel todos los días ! ¡La fidelidad perfecta es algo imposible, es algo hacia lo cual se tiende. La fidelidad es una exigencia de amor y, de hecho, cuando yo no era fiel, mi amor no me dejaba tranquilo! »

Por esto él se considera, a causa de las circunstancias providenciales que condujeron su vida, como un « monje frustrado », porque estaba seguro, en el momento de su conversión, que en la Trappe estaría su lugar, donde por cierto quedaría retenida, pero al final, dejándose llevar por la Providencia, reconoció que el monasterio se encontraba en él mismo: « y pienso debí hacer lo que hice, pero guardando en el fondo de mí mismo aquella nostalgia. Aunque tengo en mí un monasterio y me retiro a ese monasterio ».

El padre Caffarel vivió el monasterio cultivando una intensa vida interior de oración y de contemplación, vivida a veces como un combate. Pero estaba convencido que « los hombres que oran son los pulmones de la humanidad ». Una influencia notable en la vida del padre Caffarel fue la del bienaventurado Vladimir Ghika, príncipe rumano convertido al catolicismo en Francia en 1902, muerto mártir del comunismo en Budapest en 1954, declarado beato en 2015. Se ordenó sacerdote en 1923 y fundó en Auberive, cerca de Langres, « una especie de seminario para vocaciones especiales, tardías o precoces». El joven Caffarel estuvo allí dos años de 1926 a 1928. El padre Ghika decía a los que entraban a Auberive: «Aquí no se entra sino por amor a Dios, y no se permanece sino por amor a Dios», fórmula que el padre Caffarel tomó para los Equipos. La única intención válida para entrar y mantenerse en los Equipos es Dios: « Uno viene a los Equipos por Dios y permanece en ellos por Dios.»

En lo que concierne a la necesidad de una experiencia fuerte de encuentro con Dios vivo, que él tuvo en el momento de su conversión, el padre Caffarel confiesa que fue un momento tocado por algo que se da en la tradición de oriente, en el hinduismo por ejemplo, donde se recomienda que todo hindú debe vivir la experiencia de ser monje, al menos una vez en su vida. En Tailandia « una antigua costumbre dicta que al menos una vez en la vida todo hombre, incluso el rey, debe compartir algunos meses la vida monástica. Esto me incitó a la reflexión»4.

Según los testimonios que recogió al respecto, él afirmaba que en el mundo occidental, incluso en los monasterios, la práctica de la oración sistemática y de la meditación ha sido abandonada. Y por eso se puede observar un debilitamiento de la fe en muchos sectores de la Iglesia. En Troussures, él quiere ofrecer a todos los que lo deseen, la posibilidad del encuentro y la experiencia con Dios Vivo:

« Habría que reflexionar seriamente sobre el programa de vida a proponer a los hombres y mujeres que, sintiéndose llamados a ser monjes en su vida, pidieran tener esa experiencia. Todo está por inventar, lo reconozco. Pero qué apasionante podría ser esa búsqueda! Los conventos que emprendieran con seriedad, discernimiento y desinteresadamente la respuesta a lo que yo creo ser una necesidad de nuestros contemporáneos, serían los primeros sacar beneficio de ello. A la espera de que los más competentes se lancen a ello, vamos a hacer un primer ensayo en la Casa de Oración de Troussures. »5

Esto en lo que concierne a la casa de Troussures, cuya importancia, en la peregrinación espiritual del Padre Caffarel, me parece evidente: él deja los Equipos, no porque ya no crea en su carisma y en su mística, sino movido por el impulso interior de atender aquella llamada profunda de su corazón a ser totalmente de Dios, en Dios y por Dios.

2. Los Equipos de Nuestra Señora: ayudar a las parejas a vivir la experiencia de Dios.

El origen de los Equipos de Nuestra Señora se encuentra en la solicitud atendida por el padre Caffarel de ayudar a los matrimonios deseosos de vivir la santidad de acuerdo con su estado de vida. Es muy interesante observar que la necesidad de dotar a los « grupos » – como se llamaban los Equipos al comienzo – de una Carta, promulgada el 8 de diciembre de 1947 en la cripta de San Agustín, encuentra su inspiración en la tradición religiosa y monástica, donde el secreto de la perseverancia era la existencia de una Regla, de una metodología y de una pedagogía de la santidad:

« No os voy a ocultar que fue la historia de la Iglesia, el estudio de la vida religiosa, lo que me inspiró la solución. He buscado aquello que podía explicar el hecho de que la santidad nunca haya dejado de florecer y reflorecer en las órdenes religiosas a lo largo de los tiempos, a pesar de las crisis exteriores e interiores, y comprendí que uno de los factores esenciales de la solidez y la vitalidad de esas órdenes era su regla. ¿Por qué, me pregunté entonces, no proponer una regla a los cristianos casados deseosos de progreso espiritual? No una regla de monjes, sino una regla para laicos casados. »

La Carta ofrece pues a las parejas una pedagogía para ayudarlas a obtener el ideal de la santidad, que no es un privilegio para los monjes, y los sacerdotes, sino para todos los cristianos. Ella ofrece una metodología para vivir una espiritualidad y una mística, exclusivamente centradas en Dios, en la experiencia de Dios que el padre Caffarel quiso compartir con las parejas, algo que él guardaba muy dentro de su corazón: « La única intención verdadera, la que corresponde a la finalidad de los Equipos, es la voluntad de conocer mejor a Dios, amarlo más y servirle mejor…. El motivo de la entrada, el motivo de la permanencia en el equipo es religioso, es decir relativo a Dios. »7

Y el padre Caffarel reconocía que todo su compromiso con la espiritualidad y la mística de los Equipos estaba alineado con su vocación original de entrar al monasterio, su verdadera y única vocación:

«Si mi sacerdocio ha tenido alguna eficacia, yo sé que se lo debo a la práctica de la oración. Los numerosos retiros predicados a los miembros de la JOC de la primera generación, la revista de espiritualidad conyugal “L’Anneau d’Or” (El Anillo de Oro) que fundé en 1945, “Los Equipos de Nuestra Señora”, “La Casa de oración de Troussures”, se encuentran exactamente en el hilo directo de mi vocación.»

Conclusión

De estas breves notas sobre las fuentes espirituales de la vocación del Padre Caffarel, podemos sacar algunas conclusiones:

a) El momento inicial de su conversión: El hecho de saberse amado y de amar fue decisivo, cambió el curso de su vida, que comenzó verdaderamente en ese momento.
b) La concreción de su conversión fue vista por él bajo la forma de la primera vida monástica: los hombres de oración son verdaderamente los pulmones del mundo.
c) Con la ayuda de su director espiritual fue orientado hacia el sacerdocio, lo que no le hizo olvidar su experiencia original: siempre conservó la nostalgia del monasterio, que inspiró su acción pastoral: ayudar a las personas a vivir la experiencia de Dios.
d) Retirarse a Troussures es la última etapa de su vida, pero fue su primera intención. La vida del padre Caffarel muestra también una extraordinaria unidad, una verdadera sinfonía: el monasterio deseado, el monasterio que quedó escondido en él, el monasterio de Troussures donde vivió en el silencio contemplativo hasta el fin de sus días.

 


[1] Entretien avec Claude Goure, juillet 1978.
[2] Radioscopie, France-Inter, 15 mars 1973.
[3] Henri CAFFAREL, “Pour Dieu”, Lettre Mensuelle des Équipes Notre-Dame, n° 3, décembre 1962.
[4] Cahiers sur l’oraison, n° 139, janvier-février 1975, pages 1 à 4. 5
[5] ibid.
[6] Henri CAFFAREL, « Vocation et itinéraire des Equipes Notre-Dame », L’Anneau d’Or, n° 87-88, mai-août 1959, p. 239-256.
[7] Henri CAFFAREL, “Pour Dieu”, Lettre Mensuelle des Équipes Notre-Dame, n° 3, décembre 1962.
[8] Panorama Aujourd’hui, Entretien avec Claude Goure, juillet 1978.