Carta 14. Nada puede ser querido que no haya sido pensado primero. Si Dios dejara de querer o dejara de pensar a un ser, ese ser bascularía inmediatamente hacia la nada.
Carta 13. Cuando esa mirada de amor es la de un cristiano que, a la luz de Cristo, discierne nuestro yo secreto, (...), entonces esa mirada nos conmueve hasta lo más hondo, porque es infinitamente transparente a la mirada de Dios sobre nosotros.
Carta 12. La oración es obra de Dios, con la colaboración del hombre y no a la inversa. Se trata, pues, de abrirnos hasta el fondo de nuestro ser a la acción divina.
Por Henri Caffarel El Anillo de Oro. Num. 44, Marzo – Abril de 1952, Pag. 78 – 80. Cada siglo [...]
Por Jorge Luis Borges. Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae y cayó. La [...]
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