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Carta 16. No ora bien sino aquel que conoce a Dios. Para orar mejor hay que tratar de conocerle mejor. Dios se ha preocupado de orientar nuestra búsqueda al revelarnos que Él es Amor.
Carta 14. Nada puede ser querido que no haya sido pensado primero. Si Dios dejara de querer o dejara de pensar a un ser, ese ser bascularía inmediatamente hacia la nada.
Carta 13. Cuando esa mirada de amor es la de un cristiano que, a la luz de Cristo, discierne nuestro yo secreto, (...), entonces esa mirada nos conmueve hasta lo más hondo, porque es infinitamente transparente a la mirada de Dios sobre nosotros.
Carta 12. La oración es obra de Dios, con la colaboración del hombre y no a la inversa. Se trata, pues, de abrirnos hasta el fondo de nuestro ser a la acción divina.
Carta 10. En resumen, se trata de no olvidar que, antes de ser iniciativa y esfuerzo del hombre, la oración es un don de Dios.
Carta 9. ¿Tendríamos que recurrir a ciertos métodos si nos es difícil orar? Por una parte, parece que la oración, como también el amor, no se puede regir por métodos. Sin embargo, existen leyes que propician el diálogo. Tanto en nuestras relaciones con los demás como en nuestras relaciones con Dios sería muy provechoso conocerlas.

