La necesidad de pedir perdón
La necesidad de pedir perdón: Una reflexión sobre la polarización, el doble rasero y el trato a los más vulnerables
La tentación de la lectura ideológica y el doble rasero
En el contexto actual, marcado por una profunda polarización ideológica, es frecuente caer en la tentación de interpretar todo lo que ocurre desde una perspectiva sectaria o ideológica. Cada persona, influida por sus afinidades y antipatías, puede transformar los sucesos en argumentos para la batalla ideológica, convirtiendo la realidad en una historia de buenos y malos según sus propias simpatías.
Este fenómeno desemboca en uno de los pecados más graves de nuestro tiempo: el doble rasero.
El doble rasero consiste en justificar cualquier acción de quienes nos son simpáticos y condenar todas las de aquellos por quienes sentimos antipatía.
De este modo, se pierde de vista el objetivo real de transformación social, especialmente desde una visión creyente y desde la lógica del reino de Dios que abogan por el cuidado de los más débiles y la construcción de una fraternidad inclusiva.
Las víctimas, entonces, corren el riesgo de convertirse en herramientas de la confrontación ideológica, y su dolor es utilizado como munición en los debates sociales, en vez de ser el centro de la preocupación colectiva.
El caso de los inmigrantes y otros ejemplos del doble rasero.
El trato a los inmigrantes es ilustrativo de este doble rasero. Si una acción la realiza alguien de nuestro agrado, la justificamos o ignoramos; si la realiza alguien de nuestro desagrado, la criticamos abiertamente. Sin embargo, el sufrimiento de los inmigrantes es el mismo, independientemente de quién lo provoque o lo ignore. El Mediterráneo y otros escenarios similares evidencian esta paradoja, poniendo de manifiesto el peligro de caer en una lógica de parcialidad y selectividad moral.
La ideología frente al evangelio y la pérdida de aprendizaje.
Existe el riesgo de poner el evangelio al servicio de las ideologías, en lugar de contrastar las ideologías con el evangelio y situarlo por encima de cualquier postura política o personal. Cada individuo puede tener sus propias preferencias, valores o interpretaciones de la realidad, pero el evangelio debe prevalecer como criterio de discernimiento.
Al dejar que la ideología dirija nuestras acciones y juicios, las víctimas de las injusticias sociales son quienes más pierden. Además, se corre el peligro de no aprender nada de las circunstancias vividas. Aunque al principio de la crisis se pensó que saldríamos mejores y aprenderíamos de la experiencia, con el paso del tiempo se ha evidenciado una falta de aprendizaje colectivo. Cada nueva ola de la pandemia debería ser una oportunidad para reflexionar sobre la vida, la seriedad de nuestras historias y el mundo en que vivimos.
Frivolidad, indiferencia y el trato a los ancianos.
La sociedad ha sido testigo de numerosos ejemplos de frivolidad, frialdad e indiferencia durante la crisis. Un caso paradigmático fue el video viralizado de dos trabajadoras de una residencia de ancianos, quienes humillaron a una mujer mayor y compartieron la escena en redes sociales. Este hecho no solo evidenció una actitud deshumanizada, sino que también puso sobre la mesa la necesidad de un examen de conciencia sobre el trato a los ancianos en las residencias.
Médicos y trabajadores de la salud han relatado el drama de tomar decisiones difíciles sobre quién accedía a cuidados intensivos, especialmente en situaciones donde las medidas adoptadas dejaron el peso de la etapa más cruel de la pandemia sobre los ancianos. La aceptación social de esta realidad demanda una reflexión profunda y colectiva para evitar que vuelva a suceder. La muerte solitaria de numerosos ancianos, cuyos cuerpos no fueron reclamados durante meses, interroga el estado de nuestra sociedad y exige que nos preguntemos, qué está ocurriendo y cómo podemos actuar para cambiarlo.
La importancia de una verdadera conversión social.
No se trata de buscar culpables de manera demagógica, sino de realizar un auténtico examen de conciencia sobre lo que hemos vivido y lo que está sucediendo. Es fundamental dejar de distraernos con problemas sectarios y centrarnos en lo esencial, aprendiendo de lo que ocurre y asumiendo la responsabilidad de nuestra parte en la transformación social. Solo así podremos evitar repetir los mismos errores y avanzar hacia una sociedad más justa y humana.
Gino Capelo Recalde.

