Henri Caffarel y el acompañamiento espiritual de la viudez
Monique Cheuleu —
Es para mí un honor intervenir en este coloquio, estoy contenta de hablar de la viudez porque soy viuda desde los veintinueve años y madre de tres hijos. Mi exposición será de interés para las viudas de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection (Fraternidad de Nuestra Señora de la Resurrección) que descubrirán el acompañamiento espiritual que recibieron las fundadoras así como para los cristianos que descubrirán la historia de la viudez en la Iglesia de Cristo y su riqueza espiritual.
1. Principios de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection bajo la conducción del Padre Caffarel
En 1943, en Lourdes, el padre Henri Caffarel, ya en los orígenes de un movimiento de espiritualidad conyugal, presidió un retiro para una treintena de jóvenes viudas de la guerra que habían ido antes a pedirle que les ayudara en el camino de la viudedad, igual que las había ayudado en el camino del matrimonio. Siete de ellas, sin haberlo concertado, se sintieron llamadas a entregar su vida totalmente a Dios en pleno mundo, conservando su vida familiar y profesional. Ellas estaban convencidas de que un día volverían a encontrar a su « compañero de eternidad ». El padre Caffarel reunió a esas siete viudas que, independientemente unas de otras, le habían confesado esa llamada.
Escuchemos a Marie-Françoise de Boucheman, una de las fundadoras de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection, en noviembre de 1996: « Nunca podremos reconocer suficientemente al Padre Caffarel por haber presentido que este asunto venía de Dios. Si no nos hubiera reunido, no se habría comprometido con nosotras en una aventura que ni él ni nosotras sabíamos a dónde nos llevaría; la Fraternidad de Nuestra Señora de la Resurrección indudablemente nunca hubiera visto la luz. Como Abraham, “partimos hacia un país que no conocíamos » “ (Gn 12, 1) ».
Aquellas jóvenes viudas comprendieron que su amor conyugal no estaba destruido, porque el amor es más fuerte que la muerte: sus maridos están vivos en Jesucristo. Todas, con el padre Caffarel, en aquel mes de septiembre de 1943, fueron a la Gruta de Massabielle a pedir a la Virgen María que las iluminara en ese camino desconocido, para hacer la voluntad del Señor, para vivir y profundizar el ideal vislumbrado, porque María, también ella, conoció el estado de viudez y toda su vida fue un Sí permanente a la voluntad de Dios.
Escuchemos ahora el testimonio de Marie-Françoise: « Vosotros sabéis cómo el padre Caffarel sabía predicar un retiro; era un ambiente extremadamente profundo y de oración, algo extraordinario desde todo punto de vista. Él hizo una síntesis magistral de todos los intercambios durante los círculos del año anterior. Todas las viudas estaban maravilladas, deslumbradas, entusiasmadas. Teníamos la impresión de habernos puesto de nuevo en pie: después del colapso, la mutilación de la viudez, nos parecía que nuestra vida volvía a tener sentido. Muy pronto surgió la idea de orar por los matrimonios. Nuestra viudez nos hacía descubrir que el sacramento del matrimonio ofrecía perspectivas mucho más amplias que las descubiertas durante la vida de nuestro marido: perspectivas escatológicas, que nos llevaban a orar por los matrimonios, por los que comenzaban el camino.”
A lo largo de los meses y años siguientes, la convicción de esas viudas las llevó con la ayuda del padre Caffarel, quien lo descubrió él mismo al escucharlas, a buscar un sólido fundamento doctrinal a su forma de ver la viudez consagrada. El padre Caffarel buscó con ellas referencias en la Biblia, meditó con ellas la noción bíblica de la pareja humana, tal como aparece en las primeras páginas del Génesis. Dios creó al hombre y a la mujer. Iguales, porque son de la misma naturaleza humana: « ésta si es realmente carne de mi carne y hueso de mis huesos » (Gn 2, 33); bajo la mirada de Dios: « Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. De manera que ya no son dos sino uno sólo. » (Mt 19, 6).
Nuevamente escuchemos a Françoise de Boucheman : « El padre Caffarel no inventaba nada, preguntaba, escuchaba, para hacernos tomar conciencia de las intuiciones que había en el fondo de nosotras y nos enseñaba a partir de aquellas intuiciones nuestras. Buscábamos una doctrina, una espiritualidad de la viudez, modalidades para una vida de oración: ¿Qué dicen los padres de la Iglesia de la viudez? ¿Qué es una viudez consagrada y cuál es su significado en la Iglesia? ¿Cómo vivir una vida de viuda consagrada en pleno mundo? Así, durante años, nos hicimos todas las preguntas sobre los futuros temas de formación, a lo que el padre Caffarel añadía un cuidado por la formación doctrinal. Vida y búsqueda estaban íntimamente ligadas e iban de la mano. »
Las viudas se apoyaron en textos bíblicos para progresar en su reflexión sobre la viudez, al igual que en los de Padres de la Iglesia, como san Ambrosio, san Juan Crisóstomo, san Agustín. Y aquellas viudas, que conocieron una viudez prematura, decidieron comprometerse, en comunión con sus esposos, ya frente a Dios, a no volverse a casar, a guardar el voto de castidad. Ellas ofrecen su sacrificio a Dios por la salvación de las parejas, por la felicidad de los matrimonios y la santidad de las familias.
2. Riquezas espirituales en el estado de viudez
El Padre Caffarel escribió en la revista Offertoire en enero de 1947: « Mientras la viudas permanezcan al servicio del Señor, nada las podrá separar de quien, ciertamente invisible, permanece vivo, amante, unido a Aquél que es el Amor mismo. »
La especificidad del carácter original de esta vocación la explica el Cardenal Suhard, arzobispo de París, en 1948: « La originalidad que me parece que justifica la creación de una comunidad nueva, es el carácter conyugal de vuestra vocación, ese misterio de viudez que vosotras deseáis vivir, ese amor más fuerte que la muerte que os guía, esa ofrenda de vuestro sacrificio por los matrimonios… Todo eso, me parece, merece la atención benevolente de la Iglesia. Ciertamente, no es casualidad que estéis guiadas por el padre Caffarel, a quien se le confió el apostolado de los matrimonios de nuestra diócesis. » (Carta de la Fraternité NotreDame de la Résurrection, p. 9).
« Misterio del matrimonio, misterio de la viudez están en la misma continuidad”. El Papa Pío XII confirmó las riquezas espirituales de la viudez, en su discurso del 16 de septiembre de 1957, durante las Jornadas familiares internacionales, organizadas por la Unión Internacional de Organizaciones Familiares: « La Iglesia se regocija al ver cultivar las riquezas espirituales propias del estado de viudez. La primera de todas, nos parece, es la convicción vivida de que, lejos de destruir los lazos de amor humano y sobrenatural contraídos en el matrimonio, la muerte puede perfeccionarlos y reforzarlos. Sin duda, la institución matrimonial ya no existe, pero lo que constituía su alma, lo que le daba vigor y belleza, el amor conyugal, con todo su esplendor y sus ansias de eternidad, subsiste como los seres espirituales y libres que se entregaron el uno al otro. »
El papa continúa: « Si ya el sacramento del matrimonio, símbolo del amor redentor de Cristo por su Iglesia, aplica al esposo y la esposa la realidad de este amor, entonces la viudez se convierte de alguna forma en la culminación de esa consagración mutua ; representa la vida presente de la Iglesia, privada de su Esposo celestial, con el cual sin embargo continúa indefectiblemente unida, marchando hacia Él en la fe y la esperanza, viviendo de ese amor que la sostiene y esperando impacientemente el total cumplimiento de las promesas iníciales.» El Papa mostró también con esto el sentido positivo de la fidelidad de la viuda hacia su marido.
El papa continúa: « La viuda se consagrará a su tarea de educadora para asegurar a sus hijos una formación viril, sólida, abierta a la sociedad para darles la libertad a la cual tienen derecho, en particular en lo que tiene que ver con la elección de un estado de vida. Permanecerá unida en espíritu a su marido, que le sugerirá en Dios las actitudes que debe tomar, y le dará autoridad y clarividencia. »
Esta concepción de la viudez propuesta por el Papa se dirige a todo viudo cristiano, pero algunos la ven como una llamada personal. Este mensaje fue acogido por el pequeño grupo de viudas de Lourdes con tanta alegría y reconocimiento porque encontraban en él la respuesta a su búsqueda y a las preguntas hechas al Papa. Ellas le habían transmitido todo un dossier que contenía documentos, artículos, testimonios y cartas. El padre Caffarel jugó, no hay duda, un papel muy importante en la composición de aquel dossier.
En la Carta de la Fraternidad, él escribe: « Tal es la grandeza de la viudez cuando se vive en la prolongación de las gracias del matrimonio y la preparación de su desarrollo en Dios” (p.13). El amor conduce a Dios. La viudez consagrada es pues signo, testimonio del amor más fuerte que la muerte, con la perspectiva de vivir en Dios, en comunión con su esposo.
Con el padre Caffarel las viudas comprenden que la muerte no rompe los lazos de amor. Por la aceptación de la cruz, de la separación, por la renuncia a la presencia, la viuda acoge otra presencia más íntima, más fuerte y más profunda. Las primeras viudas comprendieron su vocación como una vocación de Iglesia, la Iglesia que espera el regreso de Cristo en la Gloria, como un llamado a santificarse por y en la viudez. Al mismo tiempo, ellos descubren su misión, misión con las viudas, misión con los matrimonios. Por su fidelidad al llamado de Cristo, ellos esperan dar testimonio de la grandeza del matrimonio del matrimonio.
3. Una vocación de Iglesia para hoy y para ayer
Hoy, en 2017, ¿cómo vivo personalmente esta presencia de Dios y esta ausencia/presencia de mi esposo? ¡Quedar viuda a los 29 años es terrible, una está comenzando a construir su vida en ese momento y de repente… ! estar viuda, es estar vacía sin el cónyuge. Con la marcha de Collins, yo sentía que algo me faltaba, una ausencia, una desposesión, las dificultades llegaron. Collins se llevó una parte de mí misma. En mi sufrimiento, Cristo estaba presente. Yo deseaba encontrar otras viudas jóvenes en mi situación para poder expresar mi pena y mi sentimiento. Descubrí la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection. Después de varios años de formación y discernimiento, me comprometí para siempre a vivir para el Señor en la castidad, apoyándome en la ayuda espiritual de otras viudas de la Fraternité. También encontré mujeres que habían recibido la misma llamada que yo de vivir con Cristo, dar testimonio de la fe en la Resurrección, del amor más fuerte que la muerte. Hoy, estoy en pie, la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection me ha ayudado a entregarme totalmente a Dios. Madre de tres hijos, continúo con mis responsabilidades cotidianas, Collins me ayuda en lo que necesito y Dios en su Gracia me acompaña siempre. Este no es un camino fácil pero no estoy sola : « El Señor es mi Pastor, nada me falta (Ps 22,1).
Mi propio testimonio hace salir a flote la importancia para hoy de lo que el padre Caffarel y las primeras viudas de Fraternité Notre-Dame de la Résurrection descubrieron: la grandeza de la viudez vivida en la prolongación de las gracias del matrimonio, signo, para la Iglesia, de la espera del retorno de Cristo en su Gloria (Pio XII). La Fraternité Notre-Dame de la Résurrection, Espérance et Vie (Esperanza y Vida), movimiento cristiano para los primeros años de la viudez, y para el acompañamiento de viudas y viudos, nació en Francia a partir de esta búsqueda. Es un mensaje de actualidad para el mundo: la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection tiene una presencia importante en Europa, en India y también en cuatro países de África (Burkina Faso, República Democrática del Congo Ruanda, Camerún). La Fraternité se desarrolla mucho en los países de África donde ya existe, y ya cuenta con más de un centenar de viudas. El carisma se vive tan profundamente en Europa como en África, en la diversidad de culturas, por mujeres que han sentido la llamada de Dios a que le consagren su viudez. En África, viven a veces en condiciones muy difíciles; de un día para otro han visto su dar un vuelco a su existencia, están traumatizadas y son rechazadas por su familia política que no duda en sacarlas de su domicilio conyugal, y algunas son tratadas como esclavas ; a pesar de todo, ellas confían plenamente en el Señor y tienen el deseo de cumplir con la voluntad de Dios.
Recordamos la pregunta de los saduceos, que presentaron a Jesús el caso de una mujer que se había casado siete veces con siete hermanos y le preguntaron qué pasaría con esa mujer después de la resurrección de los muertos. Jesús respondió: « Cuando llegue la resurrección de los muertos, nadie se casa, son como los ángeles en el cielo » (Mc12, 25). En un prefacio de difuntos, la liturgia proclama: « La vida no se destruye, se transforma». Según una analogía querida del padre Caffarel así como los andamios se vuelven inútiles cuando la casa ya está terminada, el matrimonio también se termina con la muerte, pero el amor es más fuerte que la muerte : lo que cuenta es la resurrección.
Conclusión
Dios está presente en el matrimonio, Dios está presente en la viudez: matrimonio, viudez, Dios es fiel. En la crisis qe vive el matrimonio en muchos país, la viudez consagrada es una riqueza para la Iglesia, signo de la fidelidad de Dios más allá de la muerte. Esta fidelidad es una buena nueva para las viudas y los viudos, seguramente, pero también para las parejas casadas. El padre Caffarel fue profeta de ello en la Iglesia: un camino de santidad está abierto para todos y conduce a Dios más allá de la muerte. El padre Caffarel puso toda su energía al servicio de este anuncio:
- él supo discernir un llamado del Espíritu Santo, en las confidencias convergentes de siete viudas durante un retiro en Lourdes en 1943;
- él apoyó a las viudas con sus sabios consejos, autenticando el llamado que ellas habían recibido del Señor y los ayudas para hacer reconocer esta vocación en la Iglesia;
- él acompañó a Marie-Françoise de Boucheman la principal fundadora de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection y el equipo de las primeras viudas, en una profunda escucha, para hacer explícita la espiritualidad de la viudez;
- él transmitió a las viudas una exigencia firma de formación espiritual para todas, formación tanto al principio como continua, en particular la media hora de oración cotidiana y el tema de la meditación mensual.
Termino con la oración de la Fraternité por los matrimonios y las familias. Se llama IAO: Intercesión, Alabanza, Ofrenda. Los matrimonios y las familias pueden contar con la oración de las viudas consagradas:
« Te bendecimos Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tú eres Grande, Tú eres Santo, Tú eres Bueno. Recibe la ofrenda de nuestras vidas por la santidad de los matrimonios y las familias, para que el mundo crea en tu amor. Permítenos conformar nuestras vidas a tu voluntad. Seguras de tu amor infinito, te presentamos a nuestros hermanos y hermanas que sufren, pidiendo para ellos tu misericordia. Que acojan todo lo que tu ternura les quiere entregar, para que tu gloria crezca. Amén ».
Alabado sea Jesucristo que envió a su servidor Henri Caffarel, testigo de su amor privilegiado por las viudas.
Agradecimientos: « Agradezco a Odile Macchi, Responsable General de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection, y al Padre Paul-Dominique Marcovits, que me han facilitado todos los documentos históricos sobre los cuales está basada esta comunicación. »
Referencia :
- « Les fondations de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection : de 1943 à 1970 », texto de Germaine
Veyron, arreglado por Odile Macchi, 2010, documento inédito, Archivos de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection.
- Carta de la Fraternité Notre-Dame de la Résurrection

