Henri Caffarel Director de la revista El Anillo de Oro

33,1 min readEtiquetas: , ,

Henri Caffarel, Director de la Revista “L’Anneau d’Or”, en el corazón de la corrientes espirituales y culturales de su Época.

Monseigneur François Fleischmann

El primer número de la revista L’Anneau d’Or (El Anillo de Oro) en 1945 se presentó como iniciativa de “algunos matrimonios parisinos”. Al cabo de tres años, recuerda la redacción : Nuestro primer Anillo de Oro y sobre todo el siguiente número especial titulado « El Misterio del Amor » entregaron al gran público lo que habíamos estudiado, discutido, profundizado en común durante cinco años ».

El editorial del primer número lo firmó Henri Caffarel, bajo el título Amar. Antes de terminar ese primer año, aparece el título de Director del padre Caffarel. Es decir, él asumió la responsabilidad, pero no aparecía constantemente. Los miembros del comité de redacción figuran en la revista desde el número 5 ; incluyen al Padre A.-M- Carré, dominico, quien fue un soporte activo durante toda la vida de la revista, así como los nombres de algunos universitarios, como Jacques Madaule o Roger Pons, y laicos menos conocidos. De hecho, desde la fundación, el padre Caffarel fue el único director de la revista, y así fue durante los veintitrés años de su aparición. Él supervisaba todos los contenidos publicados. No hay ninguna duda de que se le puede reconocer su responsabilidad en todo el conjunto de la revista.

El cardenal Suhard, arzobispo de París, apoyó explícitamente la revista al igual que su sucesor, el Cardenal

Feltin. Además, la misión diocesana del padre Caffarel desde 1945 fue explícitamente la de « Director de L’Anneau d’Or. La revista tuvo la asistencia de consejeros teólogos, el padre d’Ouince o el padre Holstein, jesuitas, así como el padre Carré.

Mi exposición pretende dar una idea de la obra del padre Caffarel a través de los diferentes componentes de lo que fue L’Anneau d’Or, revista bastante original en su tiempo. Se trató de facilitar a los matrimonios una búsqueda profunda sobre el sacramento del matrimonio y la espiritualidad conyugal y familiar, pero también otras aperturas como lo veremos recorriendo las diferentes partes de la revista.

A menudo se ha considerado L’Anneau d’Or como el órgano oficial de los Equipos de Nuestra Señora. La relación con los Equipos es evidente debido a la responsabilidad del padre Caffarel, fundador del Movimiento. Así, hasta 1956, la revista publicó temas de estudio propuestos a los Equipos de Nuestra Señora. Con frecuencia encontramos la presencia de estos en las encuestas o las propuestas para el diálogo; artículos que se hacían eco de los acontecimientos importantes de la vida de los Equipos de Nuestra Señora, como las peregrinaciones a Roma o a Lourdes; numerosos artículos reproducen las conferencias dictadas durante los encuentros de responsables de los Equipos de Nuestra Señora. En 1959, L’Anneau d’Or publicó una conferencia fundamental pronunciada en Roma ante mil matrimonios: Vocación e itinerario de los Equipos de Nuestra Señora (n° 87-88)[1]. Pero la revista no es el órgano oficial del Movimiento, el cual dispone de otro boletín interno que es la Carta mensual. La difusión de L’Anneau d’Or pronto sobrepasa los límites de los Equipos de Nuestra Señora y es leída en numerosos países del mundo.

Desde 1946, ha habido 7000 abonados y 3000 ventas de cada número, siendo muy importante la tirada de números especiales.

El objetivo fundamental de L’Anneau d’Or fue bien expresado retrospectivamente por Pierre Parrain a propósito del primer número especial, “El Misterio del Amor”. Él recuerda « el fresco descubrimiento de una doctrina que […] acababa de ser despojada del moralismo negativo y los clichés tradicionales. […] En ella el amor se encuentra incluido en todas sus dimensiones: la carne y el espíritu, el sufrimiento y la felicidad, la muerte y la vida, los hijos y los esposos, el camino temporal al igual que la plenitud eterna […] Todos los aspectos del amor se encuentran vigorosamente injertados en Cristo; por todas partes aflora la graci; aún cuando no aparezca, se escucha su rumor como el de una fuente. El amor viene de Dios y va hacia Dios … » (n° 114, p. 472).

Teología y espiritualidad

Al recorrer toda la colección, es impresionante ver el número y la calidad de los autores de los artículos. En el terreno teológico y pastoral, el padre Caffarel obtuvo la colaboración de numerosos religiosos o sacerdotes diocesanos. Solamente mencionaré a los más conocidos: El padre Carré, ya mencionado, interviene con frecuencia, a lo largo de los años. Menos presente, pero fiel, el futuro Cardenal Daniélou pasa del plano bíblico al de las misiones de la Iglesia en ese tiempo. El padre Roguet, dominico, aportó su competencia en el dominio litúrgico. El padre François Varillon, jesuita, da una nota más espiritual. El padre de Lestapis, igualmente jesuita, aporta su reflexión de moralista. Intervienen biblistas, educadores y muchos otros.

Si bien los religiosos son los más numerosos contribuyentes a la reflexión teológica y espiritual, L’Anneau d’Or se benefició de las contribuciones significativas de laicos que también dieron cuerpo a la espiritualidad conyugal, apoyados en su comprensión y experiencia de matrimonio. Entre los laicos presentes regularmente, podemos nombrar a Gustave Thibon, filósofo, Jacques Madaule, historiador y crítico literario, Pierre-Henri Simon, novelista y crítico literario, Jean Onimus, crítico literario. La revista invitó esporádicamente a médicos, juristas, especialistas en educación como Hélène Lubienska de Lenval. Esto solamente para ilustrar la diversidad de colaboradores.

Como ejemplo, quisiera evocar a dos figuras particularmente presentes al lado del padre Caffarel.

Asociado al padre Caffarel, nadie más activo que el padre Carré. Él comenzó por abordar la Fe en Dios y la fe conyugal, felicidad y dificultades (n° 1, 1945). Desarrollará un tema que será recurrente: El matrimonio, vocación de santidad, sin olvidar a los “matrimonios que sufren” (n° 2-3-4, 1945). El conduce un largo análisis de la espiritualidad de la pareja a partir de la famosa página de la Carta a los Efesios, titulada Como Cristo y la Iglesia (n° 5, 6 y 7, 1945-1946). Más tarde, se pregunta por la noción de felicidad, hecha posible por la gracia de Dios, pero dependiente también de la libertad humana, porque Dios “no salvará el amor sin [los esposos]” (n° 15-16, 1947, p. 13); hace falta aceptar la cruz. No vamos a recorrer las más de treinta intervenciones del padre Carré; estas pocas evocaciones muestran la importancia de su contribución, tanto teológica como espiritual, cercana a la vida de los matrimonios. En el último número, todavía se encuentra presente para mostrar La pareja frente a Dios: la pareja viene de Dios, vive de Dios, va hacia Dios; y nos encontramos entonces en el movimiento del Concilio Vaticano II (n° 138, 1967).

Conviene citar aquí a Roger Pons, universitario, profesor de letras, quien fue un verdadero apoyo para el padre Caffarel; él hace profundas reflexiones sobre el papel del padre (n° 9-10, 1946), esposo y educador, en el diálogo con los hijos (n° 21-22, 1948), sobre el dinamismo espiritual de la pareja en la búsqueda de la unidad pensando en el porvenir (n° 68, 1956). También se refiere a los sufrimientos de los matrimonios (n° 56, 1954), los obstáculos en la vía de un sano equilibrio espiritual en la vida de los esposos (n° 27-28, 1949), de formas de desesperanza que deberían conducir a la esperanza (n° 65, 1955). Sin agotar las intervenciones de Roger Pons en materia espiritual, de las que hay dieciocho, estas notas simplemente quieren mostrar la importancia de los laicos para la elaboración de la espiritualidad conyugal, principal objetivo de L’Anneau d’Or (La contribución literaria de Roger Pons será evocada más adelante).

L’Anneau d’Or, forma parte de una corriente de difusión y profundización de la Biblia entre los fieles. Es significativo que el primer número publica un artículo del padre Daniélou, La Biblia en la vida. Pequeños artículos bíblicos fueron solicitadas a especialistas para presentar en pocas páginas un pasaje bíblico o un tema. Se aportan citas al margen de los artículos, que a veces constituyen un verdadero dossier bíblico.

La contribución personal del padre Caffarel como redactor

Como director de la revista, el padre Caffarel escribió él mismo numerosos editoriales (más de 70), con frecuencia remarcables y que provocaban correos. Sus artículos más amplios – alrededor de cincuenta- son el corazón de la temática de L’Anneau d’Or. Tanto o más que sus colegas, el padre Caffarel tiene un enfoque que no es puramente intelectual: él toca la vida misma de los matrimonios. Como ejemplo estas líneas al final de su texto Vocación del amor: “No se trata de un discurso que dignamente puede hacer un elogio del amor, se trata de vuestra vida, esposos cristianos que estáis comprometidos en una magnífica aventura. Os miramos, os escuchamos. No os desentendáis. Vosotros tenéis un testimonio que dar. La consigna de Cristo se dirige también a vuestro amor: tú serás mi testigo » (n° 2-3-4, 1945, p. 21). Los miembros de los Equipos de Nuestra Señora no se asombrarán al encontrar en el número 5 el editorial titulado Un deber desconocido en donde se lanza el famoso “Deber de sentarse”.

Cuando reflexiona sobre el amor, el padre Caffarel ve en el don del amor que se hacen los esposos el amor de Cristo. “Ser para aquél a quien se ama el pan de cada día […], pan, la cosa más común y más necesaria… esto es lo que Cristo ha querido ser para mí. Dado hasta el extremo. » (n° 27-28, 1949, p. 193). En el mismo número especial, “Cristo y el Matrimonio”, Henri Caffarel presenta una reflexión sobre el Sacramento del matrimonio iluminado por Cristo: “El amor consagrado por el matrimonio está destinado a hacer penetrar en nuestros corazones un poco de esta caridad divina que une a Cristo y a la Iglesia […] Cuando un marido ama a su esposa “como Cristo ha amado a la Iglesia” […] ellos logran la Redención, se unen en el amor mismo de Cristo y de la Iglesia. » Este es un tema esencial retomado sin cesar, por ejemplo en una conferencia pronunciada durante un encuentro del Concilio Ecuménico de las Iglesias. Ese misterio es grande en cuanto a Cristo y la Iglesia (n° 107, 1962). La reflexión del padre Caffarel sobre el sacramento del matrimonio tendrá toda su dimensión en dos números especiales sucesivos, totalmente redactados por él: en 1963, “El matrimonio, ese gran sacramento”, y en 1964, “El matrimonio, camino hacia Dios”.

 Atento a la vida de las parejas, el padre Caffarel toma la palabra sobre muchos temas de orden espiritual y pastoral. Aquí enumero algunos títulos que son frecuentemente explícitos: Vocación del padre (n° 9-10, 1946) ; Hogares desunidos (n° 15-16, 1947) ; Signos de los tiempos, los grupos de matrimonios, mirando más allá de los Equipos de Nuestra Señora (n° 30, 1949) ; ¿Qué es el noviazgo? (n° 93-94, 1960) ; la hospitalidad de los matrimonios, bajo el título Llamad y se os abrirá (n° 104, 1962) ; El laico portador de la palabra (n° 109, 1963). En varias ocasiones, el padre Caffarel hace reflexiones y da informaciones sobre el sacerdote: está el tema Nuestros dos sacramentos, importante para los Equipos de Nuestra Señora (n° 60, 1954), pero también una Introducción al conocimiento del sacerdote, después de una encuesta (n° 63-64, 1955). No podemos olvidar tampoco la atención que da a la condición y vida espiritual de los viudos: El amor es más fuerte que el sufrimiento (n° 137, 1966).

El padre Caffarel honra a la Virgen María, a quien le ha confiado el patronazgo del movimiento de matrimonios. Desde el primer período, presenta a las parejas La Virgen en el hogar: “Toda la vida de la Virgen María, comprometida por el sí de la Anunciación fue una continua ascensión de amor. También fue por ella que los matrimonios cristianos aprendieron a pronunciar una primera vez, y después toda su vida, el SI que es el alma de su amor” » (n° 2-3-4, 1945, p. 157). Más tarde, en 1954, aparece una larga meditación sobre María y su vocación: “Su destino es tan excepcional que nos muestra los tres aspectos de la vocación de la mujer, la virginidad, el matrimonio, la maternidad, y los lleva a un grado inigualable de perfección”. (n° 57-58). Reflexión original, todo un cuaderno se titula “Lleva a tu casa a María tu esposa”, donde el padre Caffarel aborda el misterio del matrimonio de José y María, preliminar a un nuevo estudio sobre el matrimonio cristiano y a un bello capítulo sobre la vida consagrada. (n° 123-124, 1965).

Finalmente, hay un capítulo capital donde el padre Caffarel se vuelca, es su pedagogía de la oración; pero no lo hace solo. En 1953, firma los resultados de una encuesta realizada por más de treinta matrimonios animadores de los Equipos de Nuestra Señora: Cuando los laicos descubren la oración; él cita muchas contribuciones de esos laicos, evitando un discurso teórico para evocar la práctica de la oración, sus dificultades y sus efectos. Ante las respuestas recibidas, él concluye: « uno queda golpeado […] no solamente por su gran convicción y veracidad, sino también por su valor testimonial. Nos hablan de la alegría de esos hombres y mujeres que han descubierto la oración y nos revelan que ella los ha introducido a una auténtica madurez espiritual.” (n° 50, 1953, p. 136). Nos encontramos en la época en que el padre Caffarel lanza los Cahiers sur l’oraison (Cuadernos sobre la oración). Para él, Nuestro mundo moderno espera un suplemento de alma que debe ser aportado por la oración interior (n° 91, 1960). Elemento esencial de la espiritualidad conyugal, El matrimonio cristiano está llamado a ser comunidad de oración (n° 98, 1961). L’Anneau d’Or recoge las famosas Lettres sur l’oraison (Cartas sobre la oración) del padre Caffarel (n° 75-76, 1957, diecisiete cartas), y en 1967, n° 135-136, “Cent lettres sur la prière” (Cien Cartas sobre la oración).

Las fuentes

No estamos en presencia de una revista científica, lo cual no quita nada a su calidad; algunos lectores se quejaban a veces de que tenía un nivel intelectual demasiado elevado. Ni el padre Caffarel, ni los otros autores citan habitualmente sus fuentes y solamente hay muy pocas notas a pie de página. Esto no quita que haya fuentes y que son reconocidas.

El número especial 51-52 de 1953 está precisamente constituido por una colección de textos teológicos sobre el matrimonio, bajo el título “Misterio y mística del matrimonio”. La introducción explica el título: « La mística es la experiencia del misterio; la mística del matrimonio es la comunión voluntaria de los esposos con el amor de Cristo. El misterio es objetivo…» (p. 207).

Así pues, al recorrer esta colección tenemos un ramillete de fuentes que inspiran L’Anneau d’Or y a su director, evidentemente. Los textos presentados son « por una parte artículos y ensayos de teólogos y escritores católicos contemporáneos que exponen con la doctrina tradicional las investigaciones válidas […], por otra parte, los textos pontificales que han definido la enseñanza de la Iglesia » (p. 208).  

El director de L’Anneau d’Or muestra una verdadera sensibilidad pedagógica. Cada número está organizado en nueve capítulos, cada uno precedido por una página de síntesis. En cada sección figuran diversos textos precedidos por introducciones de las cuales se dice que « muy frecuentemente precisan, matizan, reservan, añaden… » (p. 209). La recopilación quiere mostrar en qué se apoyan « nuestras preocupaciones dominantes ». Vale la pena citar las líneas que expresan esas convicciones y justifican la selección: « La familia es una comunidad única en su género: creemos que en el corazón de la familia, la unión conyugal es la que comanda todo, desde la educación de los hijos hasta la irradiación apostólica; creemos en definitiva que el amor humano vivido en espíritu de caridad, es una escuela de santidad ».

Es conveniente evocar la influencia de Matthias-Joseph Scheeben, que presenta L’Anneau d’Or: « teólogo alemán de la segundad mitad del siglo XIX que inspiró la mayoría de los estudios teológicos actuales sobre el matrimonio. » (p. 224).De hecho, él provocó una verdadera renovación del enfoque del sacramento del matrimonio llevando a sobrepasar la concepción moralista y contractual del matrimonio entonces vigente. Scheeben había escrito: « No son tanto los esposos los que se unen, es Dios que los une el uno al otro valiéndose de la voluntad los mismos. » (p. 225). Sus intuiciones fueron transmitidas por autores de origen alemán traducidos en Francia. También para el laico Norbert Rocholl, autor de un libro influyente sobre el matrimonio, este último « no se reduce a un acto de moralidad natural […] La relación con el matrimonio de Cristo con la Iglesia, he ahí el misterio maravilloso del matrimonio cristiano » (p. 247). Sobre los esposos, dice el mismo autor: « Su unión se convierte en un miembro orgánico de la unión grandiosa y variada de Cristo con su Iglesia. » (p. 250). Ahí se puede reconocer una afirmación central que sin cesar se menciona en L’Anneau d’Or.

Las fuentes presentadas se organizan de manera que aportan una síntesis de la reflexión de la revista desde sus principios. Cada sección se compone de varias páginas. Para darles una idea, veamos el programa de la sección IV, titulado Del amor, a la caridad, (p. 268 a 276), introducido en estos términos: « La vida no es un teorema, no se da nada desde la salida, más que semillas y promesas. La gracia conyugal, como la gracia bautismal, crece y se expande…. ». Primer texto: extractos de la encíclica de Pío XI Casti connubii. Luego, en la cara contigua, una página de Dietrich von Hildebrand, laico alemán, y una página de Romano Guardini, sacerdote alemán, con un título común: El amor, una larga paciencia; las notas resaltan la diferencia de enfoque, uno hace remontar todo a la fuente del amor, el otro, más dinámico, exige un largo trabajo de purificación. Luego, von Hildebrand vuelve para decir Es Cristo a quien se ama y, vis-à-vis, el padre Carré muestra que Es Cristo quien ama. Después, bajo el título Carga del alma el mismo padre Carré dice que cada esposo tiene una responsabilidad espiritual ante su cónyuge, y, para el padre de Baciocchi, marista, es ministro de la caridad de Cristo. Por último, Rocholl es citado para mostrar La fe y la caridad fundamentos del amor, y así, « la caridad, como raíz y madre de todas la virtudes, produce todos las fuerzas que se requieren para el pleno ejercicio de la vida conyugal. » (p. 276).

El subtítulo de la recopilación es Páginas capitales; de hecho, este nos muestra muy bien con qué alimentos intelectuales y espirituales se nutre en profundidad L’Anneau d’Or.

Literatura

Recorriendo la colección de L’Anneau d’Or, nos llama mucho la atención la abundancia de referencias literarias, bien sea en forma de estudios desarrollados o de reproducción de páginas enteras de obras muy diversas, o antologías ilustrando un artículo, así como fragmentos insertados al pie de página entre dos artículos. En total podríamos encontrar alrededor de doscientas cincuenta citas literarias.

¿De qué clase de literatura se trata? Hay de santos más o menos antiguos, las menos; las hay de autores anteriores al siglo XX, muy diversos: si los tomamos por orden alfabético, podemos ver vecinos a Fénelon con Flaubert, o a Labiche con Lacordaire! Y entre los escritores citados, más o menos tres cuartas partes son contemporáneos.

¿Por qué esta atención a la literatura? El padre Caffarel nos da él mismo la respuesta a esta pregunta presentando en un número especial una antología literaria bajo el título “Amor quién eres tú?”. Él lo explica en la introducción: a diferencia de los “clínicos del matrimonio […] el verdadero novelista simpatiza con sus personaje: él los conoce, los comprende porque los ama […] en este sentido los recibe tal como son, con toda su complejidad y no los reduce a basura, a esquemas, a “casos” » (n° 129-130, 1966, p. 179).

Hay una literatura que bien podríamos llamar cristiana, aunque no sea necesariamente muy edificante. Roger Pons, ya citado, ha estudiado cuidadosamente el teatro de Paul Claudel, el autor que de lejos está más presente en L’Anneau d’Or. En Partage de Midi, ese poema romántico de lava y sangre”, él admira, y critica también, una concepción del amor a la vez romántica y moralista (n° 26, 1949). [Pons ve en los personajes de Le soulier de satin  (Zapato de Satén), el desbordamiento del amor según Claudel: « La historia de Rodriguez y de Prouhèze aclara las vías de la pedagogía divina y los secretos de la Redención. » (n° 49, p. 22). Claudel « ha querido descubrir el significado espiritual del amor prohibido y los verdaderos medios de desbordarlo…” (p. 24). « Para Rodriguez y Prouhèze, el amor prohibido no ha sido sino el terrible y progresivo aprendizaje del sacrificio. » (p. 28). Estos son solo dos ejemplos, pero la revista publica muchos otros estudios a partir de obrar literarias, de teatro o novelas, siempre en la búsqueda de una pintura del amor «… un amor más grande que el sueño, más fuerte que la pasión, […donde se percibe] el carácter sagrado, un aprendizaje dócil del misterio. » (Pons sobre L’échange  (El Intercambio), n° 67, p. 32).

A propósito de Le soulier de satin, el padre Caffarel escribe: « Claudel dice que sólo Dios puede saciar el hambre de lo absoluto que modela el corazón del hombre, algo que las criaturas son incapaces de hacer. Pero las criaturas – y entre todas, la mujer para el hombre –llevan un reflejo de Dios, y su vocación divina es la de despertar en el corazón del hombre esa hambre de lo absoluto, con frecuencia adormecida. »(n° 129130, 1966, p. 290).

Y L’Anneau d’Or encuentra también en autores poco ortodoxos material para reflexionar sobre al amor. Así, analizando Le mythe de Médée (El Mito de Medea) de Jean Anouilh, Pierre Parrain escribe: « Más allá de toda filosofía y toda moral, ella (Medea) se presenta ante nosotros como un “mito” cuasi metafísico de la vida humana y del amor humano […] ávida (y también vacía) de absoluto. » (n° 56, 1954, p. 107-108). En Medea « hay una solidez del vínculo conyugal, que sobrevive a la traición, a la separación, a todos los esfuerzos contrarios. Medea sufre y da testimonio, en su horrible martirio, de que no existe poder humano que lo pueda romper– (p. 111). Anouilh traduce su pesimismo, pero como escribe Parrain, sabemos que si el Mal existe, no es el más fuerte, « gracias a Otro cuyo nombre es Amor» (p. 113).

Aún podríamos recordar muchos otros análisis sobre obras de Péguy, Bernanos, Mauriac… pero basta con resaltar el interés del padre Caffarel en esos descifrados profundos del amor.

Los servicios a las familias

En septiembre 1947, L’Anneau d’Or inaugura dos nuevas rúbricas:

A través de la cristiandad. Esta responde a la preocupación del « rol del hogar en la Iglesia […] Los acontecimientos importantes de la cristiandad, aunque hayan tenido lugar al otro lado del mundo, deben encontrar en la familia cristiana un eco profundo “(n° 17, p. 46). Existen informaciones “romanas” pero también sobre la vida eclesial en Francia o en otras partes del mundo.

La familia en la ciudad. Esta otra rúbrica se presenta así: « No queremos una espiritualidad desencarnada […] Esta crónica aportará además a nuestros lectores un conjunto de informaciones sociales. Ellas mostrarán el lugar que las instituciones en Francia y otros lugares dan o deben dar a la familia y a sus miembros. » (n° 17, p. 49). Se informa, por ejemplo, sobre la actividad de la Unión Nacional de Asociaciones Familiares.

Estas dos rúbricas aparecen regularmente entre 1954-1956, después fueron abandonadas tal vez porque el director y su equipo consideraron que no cabían en el corazón de la misión de la revista y que los lectores tenían otros medios de información.

Otra rúbrica será mantenida casi hasta el final de la revista, consagrada a los Espectáculos, cine o a veces teatro. Se trata de críticas bastante desarrolladas. Por ejemplo, debajo de dos páginas severas sobre la película Le diablea au corps (El diablo en el cuerpo), encontramos las iniciales del padre Carré; este anota que « nuestro rol consiste en proporcionar elementos para un juicio moral » (n° 18, 1947, p. 65).

Más sustancial, la rúbrica Libros sigue regularmente, completada hasta 1953 con vistazos sobre algunas revistas. Numerosas recensiones conciernen, y a veces critican duramente, obras en el terreno de asuntos religiosos como la iniciación a la Escritura o a la liturgia, la hagiografía, el amor y el matrimonio, asuntos sociales, historia, educación y algunas novelas… Hacia el final de cada año, la rúbrica, confiada a especialistas, se refiere a libros para niños. Los autores de los comentarios son muy diversos, lo cual refleja la real riqueza del equipo que rodea al padre Caffarel.

Así, aún si las cosas evolucionan a lo largo de los años, L’Anneau d’Or propone a sus lectores una gran diversidad de informaciones. Se trata de sugerencias tanto para la meditación como para la acción.

La infancia, la educación

L’Anneau d’Or hace honor inmediatamente a su calidad de revista de espiritualidad conyugal y familiar, colocando en un lugar notable todo lo que concierne a la educación. No se trata de aislar los actos educativos. Pierre y Louise Bray ven en la espiritualidad de los padres una condición primordial: « Debemos abordar la educación cristiana de estos pequeños desde un espíritu de comunión profunda con el Espíritu Santo. Si queremos llevárselo a nuestros hijos, debemos ante todo ser esas almas despojadas, silenciosas, atentas a la palabra y a la acción divinas. Esta dependencia no será solamente santificante para nosotros, sino redentora, porque tendremos para nuestros hijos, los gestos y las palabras de Dios. » (n° 2-3-4, 1945, p. 163).

Aquí veremos intervenir a madres de familia, a veces miembros de los matrimonios fundadores de los

Equipos de Nuestra Señora y de la revista, ansiosas de preparar a nuestros hijos al encuentro del Señor (n° 6, 1946). El Evangelio es regla de educación (n° 7, 1946). Resaltamos también el lugar importante en la rúbrica Libros de las recensiones de obras sobre la educación.

Intervienen frecuentemente especialistas en pedagogía y especialmente en catequesis. Recuerdo el nombre de Marie Fargues, quien era una autoridad en esas materias: uno de su artículos se titula Nuestros hijos y el sentido de Dios (n° 54).

Notemos que el rol del padre de familia es puesto en valor, ya que el de la madre parece más evidente. Fue Roger Pons quien llevó el rol del padre, más allá de su psicología, al plano espiritual: « Para el cristiano, la gran aventura de la paternidad es una aventura sobrenatural. La función del padre no se puede realizar sin la luz y la gracia del Padre. […] El padre eleva hacia Dios el canto de la bendición y el agradecimiento; y sobre la familia humana, por la mano del padre, desciende a su vez la bendición de Dios » (n° 9-10, 1946, p. 32-33).

En los primeros tiempos, el énfasis se pone especialmente en la vida espiritual de los niños. Muy pronto, se hizo una encuesta sobre la oración familiar. Desde el número n° 7 (1946), se propone el Evangelio como regla de educación. Y veremos aparecer una serie de artículos sobre la oración de los niños y su iniciación a la Biblia. Se orienta a las familias para la preparación de los niños al encuentro con el Señor, a la comunión privada, a la confesión, a la confirmación.

Al paso de los años aparecen artículos sobre educación en general, para orientar a los padres en los problemas corrientes, reaccionar a la cólera, a los celos, a la pereza. Reflexión también sobre el amor fraternal, sobre el despertar de la conciencia. Se aborda la relación con la escuela, con los movimientos como el escultismo. En otro plano, mencionamos un estudio sobre el complejo de Edipo en tres cuadernos. (n° 30 à 32).

Algo significativo: una madre escribe desorientada por las reservas aportadas por Anne Jacques sobre las nociones morales y sobre el pecado. Un padre de familia anónimo le responde largamente de manera muy matizada. Esas páginas llevan por título ¿Complejo o pecado? Recordamos la frase de conclusión: « Lucidez, pero optimismo, esa debería ser la regla de oro de los padres educadores. » (n° 60, 1954, p. 512-517).

En 1948 en un número especial “De la infancia al matrimonio”, la revista aborda de frente las preguntas que trae la educación sexual. Gérard y Madeleine d’Heilly presentan un conjunto de obras para ayudar a los padres; concluyen: « En este dominio más que cualquier otro, no se trata solamente de instruir sino de educar. Prestaríamos un servicio mediocre a nuestros hijos enseñándoles al mismo tiempo las leyes de la transmisión de la vida si nos les damos al mismo tiempo una idea elevada del amor como potencia vital, y de la pureza como custodia de la vida. » (n° 21-22, p. 201).

Periódicamente, la revista se refiere a la adolescencia, tratando de tranquilizar a los padres y ayudarles a comprender la evolución de sus hijos. Otro centro de interés que se ve a veces – vemos que los lectores van avanzando en edad – es el matrimonio de los jóvenes y las relaciones de una generación con otra.

El padre Caffarel interviene poco personalmente, confía las páginas sobre educación a su equipo. De todas maneras, hacia la Navidad de 1952, firma un editorial mordaz: Vuestros hijos ¿los amáis? El duda de muchos padres «su amor, a veces entre los mejores […] es terriblemente simplista, tosco, instintivo » (n° 48, p. 410). Es necesario ayudar a los hijos « a comprender la llamada de Cristo hacia ellos. Ayudarles a ser cristianos adultos que responderán a esa llamada con el don alegre de su joven libertad conquistada.. » (p. 411). Y la revista anuncia que dedicará alrededor de veinticinco páginas a los problemas de la educación. Compromiso globalmente atendido – el director de la publicación se encargaría de ello – aunque el cuaderno se hacía un poco más delgado a finales de 1950.

Diálogo con los lectores

Desde el comienzo, L’Anneau d’Or estableció relaciones de confianza con sus lectores. Esto se manifiesta en la rúbrica Diálogo, al final de cada uno de los cuadernos (con excepción de los números especiales). Los lectores también son llamados a responder a las encuestas al menos una vez al año; el cuestionario será seguido de una rendición de cuentas, a veces incluso en varias ocasiones. Los diferentes testimonios constituyen un tercer modo de presencia de los lectores. Podemos calcular que alrededor del quince por ciento de las páginas de la revista están dedicadas a estos intercambios regularmente estimulados.

En el n° 5, finales de 1945, se inaugura la rúbrica Diálogo. ¿Con qué espíritu? Se pide a los lectores su colaboración. La introducción es clara: « Este diálogo no será un juego […]. Es el verdadero pensamiento cristiano en toda su pureza lo que L’Anneau d’Or pretende ofrecer a sus lectores para iluminar la vida de su hogar […] introducir el fermento en la dura masa de la vida cuotidiana. ¿De qué servirá poner levadura al lado de los problemas, proponer una mística, sin puntos de inserción en lo real »? » (p. 41). Se citan ya cartas recibidas después de los primeros números, parabienes y críticas. Las opiniones divergen acerca de la dosis entre doctrina y testimonio, sobre el nivel intelectual. La redacción concluye al respecto que hay una justa proporción. El mismo debate será recurrente y las conclusiones similares, en el curso de los años.  Llama la atención ver con cuánta confianza muchas personas dan testimonio de su búsqueda espiritual o de sus pruebas. El diálogo se instaura sobre diferentes temas, y la redacción da respuestas a las cartas citadas, a veces muy extensas, más de una vez, puntualizaciones o simplemente informaciones. Para dar un ejemplo, en ese mismo n° 5, las reacciones recibidas por un artículo sobre la carne y el espíritu en el matrimonio suscitó el desarrollo de consejos para la castidad conyugal, el recuerdo de la ley, y también la comprensión por las dificultades encontradas.

Recordemos algunos de los temas presentes en el conjunto de los intercambios con los lectores.

 La vida familiar con frecuencia es objeto de intercambios: una gran encuesta sobre la oración familiar se encuentra en varios números en 1945-1946; el mismo tema es retomado en 1957 en el número consagrado precisamente a la oración. Concretamente, se habla del domingo, de la casa, de las tradiciones familiares, del lugar de la Virgen María en el hogar…. El rol del padre objeto de muchas reflexiones, en particular por parte de las viudas cuyo testimonio impresiona. La relación de las familias con un sacerdote se recuerda muchas veces incluyendo cuando se trata de dirección de conciencia, ¡y en eso el padre Carré da algunas señales de alerta! Se entrevén preguntas sobre el trabajo profesional de las esposas, entonces más bien marginal entre el público de la revista.

Tema sensible, « los matrimonios que sufren », tanto por la desunión como por la muerte de un hijo o la enfermedad. El sentido cristiano de la muerte fue objeto de una encuesta en 1960.

Para dar un ejemplo, una carta se tituló Una larga fidelidad: se trata del testimonio de una esposa y madre cuyo marido es infiel; ella se niega al divorcio; el padre regresa un momento cuando el matrimonio de sus hijos, y después se vuelve a ir. La revista no hace ningún comentario al respecto (n° 138, 1967, p. 462-467).

Las preocupaciones o las alegrías causadas por los hijos se recuerdan con frecuencia, como eco a los artículos de la revista, tanto desde el punto de vista espiritual como de la educación en general: la oración y la preparación a los sacramentos inspiran las cartas de los padres; un artículo de Marie Fargues da lugar a una encuesta sobre los hijos y la muerte.

Sobre los jóvenes, los comentarios se refieren al tiempo del noviazgo y la preparación al matrimonio; en la época de L’Anneau d’Or  se comenzaron a implantar las preparaciones al matrimonio, pero de forma muy desigual como lo indican las encuestas sobre el clero y la preparación al matrimonio (n° 12 et 17, 1946 et 1947).

En la vida de la Iglesia vemos que hay reacciones sobre el pobre contenido de la liturgia del bautismo o del matrimonio, donde se ve una expectativa de reformas litúrgicas. Una encuesta investiga sobre el lugar que ocupa Cristo en los hogares. El tema de las vocaciones, designada como Cuestión candente, es objeto de otra encuesta y de intercambios concernientes tanto a los hijos como a las hijas de los matrimonios.

El diálogo dió un giro particular con el anuncio del Concilio. El padre Caffarel, implicado él mismo en la fase preparatoria, no va a estar solo. El moviliza los Equipos de Nuestra Señora y publica en L’Anneau d’Or un cuestionario bajo el título Los Matrimonios y el Concilio a finales de 1960 (n° 96). La consulta fue organizada en grandes preguntas enviadas a grupos definidos de matrimonios, en Francia y otros países. Llegaron cuatro mil respuestas que fueron analizadas por más de treinta matrimonios. Dado que el balance no resultó satisfactorio en algunos puntos, se hizo una consulta adicional a dos mil matrimonios más. La síntesis se publicó en el número especial (n° 105-106) en la primavera de 1962, justo antes de la primera sesión conciliar. Es un dossier que incluye tres partes:

  1. sobre la preparación al matrimonio y su liturgia;
  2. sobre la vida de las parejas, su espiritualidad y su misión apostólica, los movimientos de matrimonios, sin olvidar la espiritualidad de la viudez;
  3. sobre la pastoral del matrimonio con el rol del magisterio y una reflexión sobre la moral de la procreación.

Los redactores facilitaron un importante trabajo de síntesis. Cada capítulo se presenta explicando el cuestionario, las respuestas se presentan extensamente en el marco de una exposición bien organizada, acabando con una nota sintética titulada Reflexiones y perspectivas.

Yo he insistido en este cuaderno porque muestra la importancia del diálogo de la revista con los matrimonios lectores, equipistas de Nuestra Señora o no: la amplitud de las respuestas es un testimonio de la confianza que inspira L’Anneau d’Or bajo el impuso de su director. L’Anneau d’Or también da la palabra a numerosos laicos que son muy activos en el gran movimiento conciliar. La revista expresa muchas expectativas respecto al Concilio. Por ejemplo, en el dossier sobre la espiritualidad conyugal, cuando se trata de la búsqueda de la perfección o de la santidad de los matrimonios se lee: « Es necesario ajustar toda una serie de elementos que la espiritualidad “clásica” había descartado frecuentemente, como si el problema de su anexión a la vida espiritual fuera demasiado delicado: el amor, la carne, los hijos, el mundo, el dinero. » (n° 105-106, 1962, p. 251).

Lo que yo he podido ver en el conjunto de la colección de L’Anneau d’Or me ha permitido apreciar tanto la calidad de la reflexión sobre el matrimonio y la familia como la preocupación de los redactores por ser útiles a los esposos y a las familias en los diferentes aspectos de su vida cristiana. Me parece claro que este largo recorrido fue conducido de manera personalmente responsable por el padre Caffarel. Gracias.

[1] Las referencias a los artículos se dan de acuerdo con el número del cuaderno y año de su aparición. Para las citas literales, damos el número de la página.

(Descarga el PDF)