Cuaresma

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Ayuna
de proclamas hirientes, vacías,
de exigencia y reproches.

Ayuna de caprichos
y ocurrencias,
de murmuraciones,
de impertinencia.

Ayuna de ruido,
de polémicas,
de quejas.

Ayuna de evasiones,
de ensueños,
de tu propio reflejo
en espejos engañosos.

En lo escondido
vive el evangelio,
que todo renueva.

Entra en el desierto,
donde encontrarás
la verdad desnuda.

Descubre los signos
que del amor hacen
destino y escuela:
la mesa de todos,
el pan compartido,
la toalla ceñida.

Surgirá la cruz
en el horizonte,
y una encrucijada:
huir o quedarse,
siguiendo las huellas
de quien da la vida,
para que la luz
disipe las sombras
que ocultan a Dios.

José María R. Olaizola, SJ