La fuente del amor verdadero es Cristo

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Para Henri Caffarel, el matrimonio no es simplemente un contrato social o un arreglo afectivo, sino una vocación divina, un camino concreto de santidad, renuncia y entrega mutua.

Frente al miedo contemporáneo a “perder algo” al casarse, el padre Caffarel nos ofrece una respuesta luminosa y esperanzadora:

“El amor verdadero no quita libertad, sino que la plenifica.” 

Muchos temen al compromiso, porque creen que amar a una sola persona y para siempre limita la autonomía. Pero en realidad, el amor auténtico es una forma superior de libertad, y que solo quien se entrega es verdaderamente libre.

“El amor humano no es esclavitud. Amar es dar libremente lo que uno no está obligado a dar.”

Así mismo, el miedo a “perder” la libertad al casarse proviene de una visión empobrecida del amor: una visión que lo reduce a emoción, deseo o placer. Pero cuando el amor se comprende como vocación —una llamada de Dios a amar en profundidad—, todo cambia: el compromiso ya no se vive como pérdida, sino como misión, como participación en el proyecto de Dios.

Por lo tanto, el Padre Caffarel ve el matrimonio como una “vocación creadora” Y esa capacidad de crear, de dar vida, de cooperar con Dios, es la expresión más alta de la libertad humana. Por eso, el matrimonio no empobrece, enriquece profundamente el ser.