Caminar juntos hacia la casa del Padre
El Padre Henri Caffarel, en su texto “Hacia un amor nuevo”, cuando habla de que los esposos están llamados a “caminar juntos hacia la casa del Padre, donde se encontrarán compañeros para la eternidad”, expresa una visión profundamente espiritual y escatológica del matrimonio cristiano.
El matrimonio, dice el padre Caffarel, no tiene como fin último “establecerse en la tierra”, sino conducir a los esposos hacia el cielo. La vida conyugal es un camino de santidad compartido, en el que ambos se ayudan, se purifican y se conducen mutuamente al encuentro definitivo con Dios.
“Caminar juntos” significa que el amor conyugal no se detiene en lo humano, sino que se trasciende en el Amor divino.
Los esposos no se pertenecen sólo el uno al otro: pertenecen a Cristo, y en Él descubren que su unión apunta más allá de esta vida, hacia una comunión eterna.
Cuando Caffarel habla de “compañeros para la eternidad”, no se refiere simplemente a que los esposos continuarán siendo pareja después de la muerte, sino que su amor, purificado por la gracia, se convertirá en una amistad eterna en Dios. Habrán aprendido a amar como Cristo ama, y por eso podrán compartir juntos la plenitud de la comunión divina.
Por eso, la meta del matrimonio no es únicamente la felicidad terrena, sino caminar juntos hacia la santidad, dejándose transformar por Cristo hasta poder amar con su mismo amor.
En palabras del propio Caffarel:
“La gran ambición de los compañeros de viaje debe ser, no establecerse en la tierra, sino caminar juntos hacia la casa del Padre, donde se encontrarán compañeros para la eternidad.”

