La perfección cristiana, gracias al matrimonio
Muchos piensan que la santidad sólo se alcanza lejos de las realidades del mundo, en el silencio de los conventos o en la soledad de la oración. Pero el Padre Caffarel nos recuerda que el matrimonio, lejos de ser un obstáculo, es un camino privilegiado hacia la perfección cristiana.
Dios no llama a los esposos a ser santos a pesar del matrimonio, sino gracias a él. Es precisamente en la vida cotidiana —en la ternura y en las tensiones, en el perdón y en el servicio, en la alegría compartida y en el sacrificio— donde los esposos son purificados por el amor y crecen en la caridad.
“Puesto que están llamados a la perfección cristiana, ¿la alcanzarán a pesar del matrimonio, en el matrimonio, o gracias al matrimonio?”.
Y responde con claridad:
Los matrimonios cristianos están llamados a la perfección “gracias al matrimonio”, no a pesar de él.
Es precisamente a través del amor conyugal y familiar, impregnado de la caridad divina, donde los esposos pueden crecer en santidad.
El amor conyugal, cuando se abre a Cristo, se transforma en caridad conyugal: un amor que ya no busca sólo la felicidad personal, sino la del otro y la gloria de Dios. En ese amor, los esposos se convierten mutuamente en instrumentos de santificación y testigos vivos del Amor divino en el mundo.
Por eso, cada gesto de comprensión, cada acto de fidelidad y cada reconciliación vivida en Cristo, es un paso hacia la santidad. El matrimonio, vivido en gracia, no aleja del Amor de Dios: lo revela y lo encarna.

