Una soledad que habita en todo ser humano
Las reflexiones sobre la soledad que hace el padre Caffarel en el documento: “El Amor, es mucho más que el amor”, son profundas y actuales. Sus ideas reflejan a las realidades que hoy viven muchas parejas, tanto en el noviazgo como en el matrimonio.
Observa que incluso las personas que se aman profundamente —los novios, los esposos, los amigos— descubren, en ciertos momentos, una soledad interior que nada ni nadie puede llenar por completo. No es una soledad triste o negativa, sino una soledad esencial: esa parte del corazón humano que pertenece solo a Dios.
La “soledad humana” no desaparece en el matrimonio, sino que se transforma en espacio de encuentro con Dios, fuente que alimenta la unión conyugal.
Todo esto muestra que el corazón humano tiene sed de un amor absoluto, y que ninguna criatura puede ocupar el lugar de Dios. Lejos de ser un fracaso, la soledad es el espacio sagrado donde Dios se encuentra con el ser humano. Es el santuario del alma, donde cada persona puede decir a Dios: “Tú solo bastas”. Solo quien ha aceptado su propia soledad puede amar verdaderamente, porque ama sin esperar ser llenado por el otro.
En el mundo actual —marcado por la prisa y el miedo a la soledad—, el padre Caffarel llama a los novios y matrimonios a redescubrir el sentido espiritual del amor. Amar verdaderamente no es querer poseer al otro, sino ayudarlo a vivir su propia relación con Dios. Así, el amor humano alcanza su plenitud cuando los esposos, sin dejar de amarse, descubren juntos que solo Dios puede colmar el corazón. Entonces su amor se convierte en vocación y misión: hacer presente el amor de Dios en el mundo.
La soledad y la incomplementariedad están profundamente relacionadas, aunque no sean lo mismo. Son dos experiencias distintas, pero convergentes, que revelan el mismo misterio espiritual: el ser humano no se basta a sí mismo y ha sido creado para la comunión.
Al ser personas diferentes, el hombre y la mujer, podemos realizar algo maravilloso en el amor. Existe un amor sublime entre los dos, pero también existe una complementariedad. Henri Caffarel dice que antes del amor, la persona experimenta una soledad radical, una falta de comunicación que la prepara para desear el encuentro con el otro.
“¿Cómo habrían podido desear y acoger el amor y la comunicación si no hubieran tenido la dura experiencia de que no es bueno que el hombre esté solo (Gn 2,18)?”
— Henri Caffarel
Para el padre Caffarel, la incomplementariedad es el descubrimiento de que no soy todo, que necesito al otro —hombre o mujer— para ser plenamente humano.
“Uno descubre que solo posee al otro en la medida en que se dona a sí mismo.”
Pero la soledad revela la incomplementariedad: cuando alguien experimenta la soledad, especialmente en la juventud o antes de amar, intuye que le falta algo o alguien. Esa soledad es el primer síntoma existencial de una verdad más profunda: “no estoy completo”.

