Cien cartas para la oración, Padre Henri Caffarel

Carta No 14 – Si Dios dejara de pensar en mí

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Cien Cartas sobre la Oración Interior. 
Carta No. 14

Dios nos mira porque piensa en nosotros, nos mira con amor porque piensa en nosotros, con amor desde toda la eternidad. Este pensamiento de Dios es el que nos ha lanzado a la existencia y el que nos mantiene en ella. Es también el que hará que nos convirtamos, si no nos resistimos a su llamada, en el santo que podríamos ser.

«¿Tengo razón -me escribes- en creer que si Dios, durante un solo instante, dejara de pensar en mí yo cesaría de existir? Si fuera un error, me moriría de tristeza, porque desde el día en que esta idea surgió en mí mientras hacía oración me siento mucho más cerca del Señor, o más bien le siento a él mucho más cerca de mí…».

No tengas ningún miedo. Lo que me dices es perfectamente ortodoxo.

Nada existe que no haya sido creado por Dios y mantenido por él en la existencia, y por tanto que no sea querido por él -no una única vez, sino a cada instante-, y todavía más que no haya sido pensado por él, pues nada puede ser querido que no haya sido pensado primero. Si Dios dejara de querer o dejara de pensar a un ser, ese ser bascularía inmediatamente hacia la nada.

Espero que mi reflexión te haya tranquilizado completamente. Ten en cuenta, sin embargo, que, aunque no es incorrecto distinguir en Dios el pensamiento, el querer y el actuar, hay que precisar inmediatamente que se trata de una manera humana de hablar, pues en Dios pensar, querer y actuar constituyen un solo y único acto.

Conozco bien ese sentimiento de proximidad a Dios que esa idea ha despertado en ti. Que alguien piense en nosotros nos lo vuelve más presentes que si fuera una proximidad física. Esta última podría ser solo corporal. Recuerdo en concreto a cierta esposa que, aunque vive junto a una persona que es su marido, él no puede estar más lejos de ella que si habitara en las antípodas. Presencia y ausencia pertenecen en primer lugar al orden espiritual.

Pero te pido que vayas hasta las últimas consecuencias de esa verdad que has comprendido. Dios piensa en ti desde toda la eternidad. Tu entrada en la existencia no fue más que la realización en el tiempo de este pensamiento eterno, que es pensamiento de amor. Dios, al crearte, acariciaba desde siempre ese pensamiento.

Encarnas ese pensamiento, eres ese pensamiento, pero en su expresión germinal; se te ha dado la vida y la gracia trabaja en tu interior para desarrollarla en plenitud.

Efectivamente, Dios no puede pensar y querer más que un ser perfecto, totalmente realizado. El pensamiento divino que tú eres es, pues, el de un santo, y un santo único, que no se parece a ningún otro, pues nunca surgen en Dios dos pensamientos idénticos.

A través de tu cooperación al trabajo que Dios realiza en ti te convertirás en ese santo que, desde toda la eternidad, él ha disfrutado imaginando.

Henri Caffarel.

Nada puede ser querido que no haya sido pensado primero. Si Dios dejara de querer o dejara de pensar a un ser, ese ser bascularía inmediatamente hacia la nada.