Guardar la vida

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En medio del bullicio de la ciudad, de las redes sociales que nunca descansan y de la prisa diaria que arrastra los sueños. La soledad y la pequeñez adquieren un matiz aún más marcado cuando optamos por resguardar nuestra vida tras las cuatro paredes, priorizando la seguridad personal y dejando de lado al prójimo.

Jesús, en las bienaventuranzas, sigue invitándonos a salir de nosotros mismos y descubrir su Reino en quienes son ignorados por el ruido del mundo: los pobres de espíritu, los que lloran en silencio, los que buscan justicia entre injusticias cotidianas.

Guardar la vida solo para uno mismo, por miedo o comodidad, es ceder ante la indiferencia; en cambio, entregar la vida fuera de esas paredes protectoras, como Jesús, es abrazar a quienes el sistema deja a un lado.

Así, el mensaje de las bienaventuranzas no solo resuena con mayor fuerza, sino que nos desafía a transformar la comodidad en solidaridad y la exclusión en semillas de esperanza y presencia de Dios aquí y ahora.

Gino Capelo Recalde.